
Si hay una tienda que tengo vetada a fin de mes para evitar dejar a mi pobre tarjeta de crédito más castigada de lo habitual, es la tienda de Desigual de mi ciudad. Cada vez que paso por delante o caigo en la tentación de entrar, me enamoro de esos abrigos de estampados rotundos que sientan como un guante.
SEGUIR LEYENDO ….





















































